viernes, 9 de enero de 2009

Un boludo

Según la definición del vigésimo segundo diccionario de la Real Academia Española, un boludo, en Argentina y Uruguaya, es un ". adj. Dicho de una persona: Que tiene pocas luces o que obra como tal." Un imbécil, vamos.

Tengo una historia para contarles con respecto a la boludez y la palabra "boludo" (también podríamos incluir a la palabra "pelotudo" , pues según el mismo diccionario, su definición es exactamente la misma). Pero antes quiero recalcar la cantidad de veces que se usa esa palabra, al menos en Buenos Aires. Oigamos pues a dos oficinistas capitalinos hablando en la calle.

- Che, boludo...no sabés lo que tengo para contarte.
- Uh, que no sea largo, porque vos hacés de tus historias cuentos larguísimos, boludo. El otro día me tuviste media hora con el cuento de la moto y al final era una pavada. Sos un boludo.
- No boludo, nada que ver, boludo.

Y así, ad infinitum. Lo gracioso es que ambos se están diciendo "imbécil". Nadie repara en este hecho. "Boludo" no es una palabra que utilizo seguido. Tengo en mente la tonta teoría que sostiene que para maldecir, primero hay que hacer un buen uso de la lengua española.

Yo tuve la suerte de conocer a Daniel. Daniel es un tipo bueno, y a la vez, un buen tipo, dos cosas que no suelen encontrarse generalmente en una misma persona. Para colmo, es muy inteligente y sus observaciones con respecto a la vida no huelen a consuelo barato, a Renault 12 manejando en la lluvia, a café de Buenos Aires y a nostalgia. Son reflexiones profundas.

Yo trabajaba con Daniel y solía referirme a mí mismo como un boludo, cada vez que metía la pata o me encaminaba derechito hacia un faux pas. Eso sucedía seguido, porque yo era pibe y recién empezaba en el negocio, pero yo no conocía esos detalles sobre mí mismo. No conocía el valor de equivocarse y volver a intentarlo. Además, convengamos que nuestra sociedad no es precisamente acogedora para aquellos que se equivocan.

Debo decir algo sobre Daniel: el mundo no lo asusta. En 2004 un canal erótico ofrecía una suma para quien quisiera convertirse en productor y director porno. Daniel y yo andábamos en la mala, y le ofrecí asociarnos para obtener el dinero y hacer las películas, que eran, si mal no recuerdo, seis. Le ofrecí también que dirigiera el producto y lo editara, mientras yo me encargaría de la producción de locaciones, los textos (que no requieren mucho trabajo), el guión técnico y tratar de encarmarme con las actrices. Me parecía una manera fácil de generarnos trabajo luego de la crisis, ya que el canal ofrecía algo así como noventa y cinco mil pesos para la filmación de las seis películas. Nos separamos el trabajo y mientras yo me dedicaba a tratar de convencer prostitutas (convencí a dos) de salir en cámara practicando algunas acrobacias amatorias, Daniel se dedicaba a los números. A la semana de encarado el proyecto, me dijo que nos bajáramos, porque los números no daban. Con noventa y seis mil pesos no llegábamos ni siquiera a cubrir el presupuesto de las seis películas. Hubiésemos tenido que laburar gratis y de paso, invertir dinero de nuestro bolsillo. Con un beso me despedí de las chicas y les dije que mi carrera como productor porno había terminado antes de empezar.

Con esta historia quiero reflejar lo siguiente: Daniel es un tipo al que se le puede llevar cualquier clase de proyecto, y él decidirá si lo encara o no. No tiene miedo de pensar, y siempre pide dos o tres días para analizar la propuesta. Luego responde. Cogito, ergo sum.

Después de que el proyecto naufragara, nos fuimos a tomar un café a un barcito de Colegiales. Yo, con mi característica inmadurez, le dije:

- Soy un boludo, Dani. Yo creía que con esa guita filmábamos y que de paso, nos parábamos dos meses. Qué boludo, diossanto.
- Vos sabés...yo creo que estás cometiendo un error muy argentino. Eso de tratarte de boludo.
- No entiendo.
- Claro. Vos no sabías cuánto costaba filmar seis películas. Vos querías hacerlas, a las películas y a las actrices, pero no sabías cuánto costaban los tapes, alquilar las locaciones, las cámaras, los micrófonos, las islas de edición, pagarle a las actrices, a los actores, a los camarógrafos, las luces, los fletes, al sonidista, alquilar las grúas, pagar la comida para toda esa gente, en fin, todo lo que significan esos gastos. Eso no es ser boludo. Eso es carecer de información. Te faltaba información.
- Bueno, pero te transformás en boludo cuando no tenés la información.
- Decime: ¿Alguna vez filmaste algo?
- Sí, unos cortos con compañeros de la facultad.
- Bueno, pero comprenderás que unos cortos de facultad no tienen que tener la misma calidad que seis películas porno preparadas especialmente para un canal del género. O sea, podríamos decir que tu experiencia en el mundo de la filmación no es nula, pero es corta.
- Podríamos decir eso.
- Bien, la única manera de conocer la información es trabajando sobre las pistas que tenés. Si algún día tenés que hacer una película, vas a conocer al menos los detalles de lo que tenés que alquilar. Esa es una parte de la información, y la adquiriste recién ahora, recién luego de este proyecto fracasado. ¿Me seguís?
- Te sigo. Tenés razón, yo no sabía cómo funcionaban los alquileres de las islas de edición, ni lo que cobraban las actrices ni los actores antes de este proyecto.
- Bien, entonces, acusarte de boludo no tiene sentido. Un boludo es quien conociendo que lo que hace está mal, sigue haciéndolo. Una persona que carece de la información nunca es un boludo. Te doy un ejemplo práctico: supongamos que un avión se está cayendo por un varios errores graves de un piloto. Supongamos que no sólo se puso en pedo antes de volar, sino que además no le dió bola a ninguna de las señales que los radares le pasaron. Bien, ese piloto es un boludo.
- Capto.
- Ahora supongamos otro vuelo, donde el piloto y el ayudante de vuelo mueren intoxicados, y que un tipo toma los comandos de la nave sin saber volarla. Y la estrella. Ese tipo no es un boludo. Ese tipo se puso los pantalones largos y se bancó el desafío. Y le salió mal. Pero de ninguna manera es un boludo.


Luego de releer esta historia, y aunque más larga, me gusta más la versión de Daniel sobre la definición de la palabra "boludo" que la definición de la Real Academia. ¿Ustedes qué creen?

Saludos

Pedro

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